Hace unos días nos encontramos con estos carteles pegados en el escaparate de un locutorio:
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Además de otras faltas ortográficas, nos llamó particularmente la atención la grafía utilizada para designar a dos países: «Morroco» y «Ukrania».

Ambos tienen grafías perfectamente adaptadas y bien conocidas en nuestra lengua (Marruecos, Ucrania) y, además, ni siquiera la referida a Marruecos está bien escrita, pues sería Morocco.

Esto nos hizo pensar en la cantidad de países y ciudades cuyos nombres originales se escriben en grafías de lenguas que no utilizan nuestro alfabeto [latino] y que, al usarlos en nuestros textos, según recomienda la RAE, debemos adaptar. Esto es, debemos someter a esas palabras y a su pronunciación a un proceso de conversión a los caracteres y a los sonidos de la pronunciación propia de nuestra lengua.

Así, algunos de los nombres por los que os preguntábamos en nuestra página de Facebook hace un par de días, se transcribirían así:

-Rangoon (capital de Birmania, mejor que de Myanmar, por cierto) pasaría a Rangún; Yamoussoukro (capital de Costa de Marfil), a Yamusukro y Nouackchott (capital de Mauritania), a Nuakchot. Ello es así porque los sonidos vocálicos se representan con las vocales equivalentes en español.

-Cuando la w forma diptongo, se convierte en u. Aquí tenemos ejemplos como Rwanda, Zimbabwe, Botswana, Malawi y su capital Lilongwe, que pasarían a Ruanda, Zimbabue, Botsuana, Malaui y Lilongüe respectivamente.

-La h intercalada se omite. De este modo, los nombres de Kinshasa (capital de la República Democrática del Congo), del reino de Lesotho, de Rhodesia, de Bhutan, de Kathmandu, de la ciudad mauritana de Nouadhibou, de Bahrein y de Bangladesh, se escriben sin esa h. Quedarían así: Kinsasa, Lesoto, Rodesia, Bután, Katmandú, Nuadibú (en este caso también se han adaptado los sonidos vocálicos), Baréin y Bangladés.

-Las consonantes y vocales dobles pasan a una sola. Es el caso, por ejemplo, de los nombres de Addis Abeba (capital de Etiopía), Accra (capital de Ghana), Dacca (capital de Bangladés) y Dar-es-Salaam (capital de Tanzania). Se escribirían como sigue: Adis Abeba, Acra, Daca y Dar-es-Salam.

-Las grafías dj, j o g, si se pronuncian como nuestra y, se sustituyen por esta última. Nos encontramos con los nombres de la capital de Chad (N’Djamena), la de Nigeria (Abuja) o la de Sudán del Sur (Juba). También entran aquí los casos de Djibouti, Azerbaijan y Tadjikistan. Los escribiríamos así: Yamena, Abuya, Yuba, Yibuti (con adaptación de sonidos vocálicos también), Azerbaiyán y Tayikistán.

-La j que se lee como i se convierte en esta última letra. Es el caso de Ljubljana, la capital de Eslovenia, que se convierte en Liubliana.

-Cuando el grupo kh representa un fonema j debe transcribirse con j. Quizá el ejemplo más conocido es el de Khartum, la capital de Sudán, que pasa a Jartum.

-Finalmente, si el grupo tch representa un fonema parecido a nuestra ch, se sustituye por ella. Así, el nombre de la región asiática de Belutchistán pasaría a Beluchistán.

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Os anunciamos que nuestro blog va a participar en la edición de los premios Bitácoras.com 2013.

Sería una inmensa suerte que todos aquellos a los que os interesa el contenido que hasta ahora hemos ido publicando, nos votaseis.

El proceso es muy fácil. A la derecha de nuestro blog, justo encima de la columna llamada «Mi blog», encontraréis un botón que os llevará directamente a la página desde la que podéis votar. En la categoría «Mejor blog de educación», tenéis que poner la url de nuestro blog (http://buenostextos.weebly.com/blog.html). Finalmente, hay que introducir un código de comprobación de seguridad, que aparece en la parte inferior de la página, y pinchar en «votar».

También podéis pinchar en este enlace. En esto caso os tenéis que identificar con vuestro usuario de Bitácoras.com o con vuestra cuenta de Facebook o de Twitter. A continuación, en la barra superior de color azul más claro, tenéis que pinchar en «votar» y en la categoría «Mejor blog de educación», poner la url de nuestro blog. En este caso también hay que introducir un código de comprobación de seguridad, que aparece en la parte inferior de la página, y pinchar en «votar».

Y esto es todo. Así de sencillo.

No nos queda más que daros las gracias por la ayuda que nos prestéis a este respecto y, por supuesto, por seguirnos y por leernos.

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Ayer, en nuestra página de Facebook, os planteábamos esta pregunta:

«Si quiero decir que mi padre trabaja únicamente los sábados y los domingos, ¿cuál creéis que es la forma más incorrecta de decirlo?

1.- Mi padre trabaja solo los fines de semana.

2.- Mi padre trabaja sólo los fines de semana.

3.- Mi padre trabaja solamente los fines de semana».


Y hace algunos días nos topamos con el cartel que nos va a servir de excusa para esta pequeña entrada de hoy:
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En él se puede leer, entre otras cosas, la oración: «Sólo el bolsillo nota la diferencia». Discutamos sobre ese sólo con tilde diacrítica.

Seguro que todos recordamos la antigua regla que establecía que si esa palabra era usada como adverbio, en cuyo caso equivale a solamente, podía acentuarse. Es el caso de este cartel («Sólo el bolsillo nota la diferencia» / «Solamente el bolsillo nota la diferencia»). En cambio, si se usaba como adjetivo («No me gusta pasear solo») no tenía que escribirse con tilde. Esta regla, que se mantuvo inalterada hasta 1959, contravenía a esa otra regla de acentuación que todos conocemos desde el colegio y que establece que las palabras llanas terminadas en vocal, como lo es solo precisamente, no deben acentuarse.

No obstante, estaba muy extendida y, especialmente en casos de posible confusión o ambigüedad en una misma oración, se seguía utilizando (o se ha seguido utilizando, casi por mejor decir) la tilde diacrítica para diferenciar el uso adverbial del uso como adjetivo de la palabra solo. Este criterio de uso diferenciado fue el que se impuso a partir de 1959.

Esto no cambió radicalmente hasta hace apenas tres años, cuando en 2010 vio la luz la Ortografía de la lengua española. Fue, de hecho, uno de los cambios que más acaloradas discusiones provocó entre el común de los usuarios de nuestra lengua. Y ello se decidió así porque en este caso, y en el de los demostrativos, según la propia RAE, no se cumple el requisito de uso de la tilde diacrítica, «que es el de oponer palabras tónicas o acentuadas a palabras átonas o inacentuadas formalmente idénticas, ya que tanto solo como los demostrativos son siempre palabras tónicas en cualquiera de sus funciones».

Por tanto, el nuevo criterio es que se prescinda de esa tilde diacrítica en todos los casos, incluso en los ambiguos. Así lo recomienda la Academia, aunque sería muy aventurado decir que sólo, acentuado, es incorrecto. No fue más que eso, un consejo, una recomendación y, quizá por ello, hay quienes se resisten a este cambio hasta el punto de que la RAE ha tenido que reconocer el escaso éxito que ha tenido esta sugerencia entre los usuarios de nuestra lengua. Aún así, la propia Academia, en la última obra que hemos citado, sugiere algunas soluciones para huir de esos casos que pueden inducir a error o llevar a interpretaciones ambiguas, y que el propio contexto comunicativo es incapaz de resolver. Entre ellas encontramos «el empleo de sinónimos (solamente o únicamente, en el caso del adverbio solo), una puntuación adecuada, la inclusión de algún elemento que impida el doble sentido o un cambio en el orden de palabras que fuerce una única interpretación».

Así pues, volvamos al ejemplo que pusimos ayer en nuestra página de Facebook:

La opción más incorrecta, a juzgar por lo recomendado por la Academia, sería la segunda, pues la palabra solo no debe acentuarse y hay criterios que justifican suficientemente, al menos a juicio de nuestros académicos, tal razonamiento. Por tanto, deberíamos escribirlo sin acento, a pesar de que con ello podríamos pensar que mi padre no es que trabaje únicamente los fines de semana (uso como adverbio), sino que trabaja solo, en solitario, sin compañeros, los fines de semana (uso como adjetivo). Aunque la primera opción sería la más correcta, hay una forma de hacerla más correcta aún y de hacer evidente que ese solo lo estamos usando como adverbio: sustituyendo solo por solamente y, así, hacemos desaparecer toda posible duda en estos casos que se pueden interpretar de las dos maneras.

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Hace algunos días os preguntamos en nuestra página de Facebook si vosotros érais más de interactuar con otras personas y con vuestro entorno o si, en cambio, sois más de interaccionar con ellos. Así, queríamos ver si alguien había visto en alguna ocasión que el verbo interactuar no está recogido en el Diccionario de la Real Academia Española, y si, al advertirlo, le había dado por pensar que se trataba de un verbo mal usado o mal construido y que hay que sustituir, por tanto, por interaccionar, el cual sí aparece en dicho diccionario.

Aunque esta ausencia pueda llevarnos a confusiones, no debemos pensar que el verbo interactuar está mal usado o es incorrecto. Nada más lejos de la realidad.

Por un lado, aunque no el DRAE, sí hay diccionarios que recogen el verbo interactuar. Sirvan estos tres ejemplos:

1.- El diccionario Clave. Diccionario de uso del español actual, de SM, lo define como «relacionarse de forma recíproca con varias cosas, especialmente si es entre un ordenador y su usuario».

2.- El diccionario WordReference.com, de tan extendido uso entre los internautas, da una definición casi calcada: «Ejercer una interacción o relación recíproca, especialmente entre un ordenador y el usuario».

3.- Por su parte, el Diccionario del español actual de M. Seco, O. Andrés y G. Ramos, lo define como «actuar recíprocamente» o «provocar un proceso de interacción».

El verbo interaccionar, por su lado, aparece en los anteriores diccionarios y, también, en el de la Real Academia Española. Este último lo define como «ejercer una interacción». Si tenemos en cuenta que, según la misma obra, una interacción es una «acción que se ejerce recíprocamente entre dos o más objetos, agentes, fuerzas, funciones, etc.», podemos concluir que su significado es muy parecido, prácticamente sinónimo, al del verbo interactuar.

Lo mismo podría decirse de la definición que encontramos en el diccionario de M. Seco, O. Andrés y G. Ramos, que ofrece dos acepciones del verbo interaccionar: «Hacer que [dos cosas] ejerzan interacción» y «ejercer interacción [una cosa con otra]».

Por tanto, las dos palabras están bien formadas. Por su parte, el verbo interactuar lo hace con el prefijo inter-, que significa «entre varios» y el verbo actuar, que significa, entre otras cosas, «poner en acción». Y el verbo interaccionar está formado por el sustantivo interacción, cuyo significado hemos señalado en los párrafos anteriores, más la terminación verbal -ar, de forma que se trata de un verbo derivado de un sustantivo.

El hecho de que interactuar no aparezca en algunos diccionarios no significa que sea un verbo que no existe, que está mal formado o cuyo uso es erróneo. Debemos tener en cuenta que no todas las voces derivadas, es decir, las construidas por aposición de prefijos o posposicion de sufijos, se encuentran en los diccionarios. Y ello no hace que no sean perfectamente válidas.

Por tanto, podéis usar libremente cualquiera de estos dos verbos. Son igual de correctos y, como hemos visto, sinónimos.

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Si observamos la fotografía de la carta de un restaurante, veremos que, como es habitual, aparecen los platos y, al lado, su precio en euros. El símbolo del euro (€) va pegado a la cifra en todos los casos.
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Efectivamente, el de escribir los símbolos pegados a la cifra a la que acompañan, es uno de los errores más comunes que podemos encontrar en cualquier texto.

Los símbolos son, según la Real Academia Española, representaciones gráficas estables (no varían, son siempre iguales) y normalizadas (con validez internacional en la mayoría de los casos), de carácter científico-técnico y formados por letras (los símbolos de los elementos de la tabla periódica o los puntos cardinales, por ejemplo) o por signos no alfabetizables (las unidades de moneda o los símbolos que utilizan los compositores en sus pentagramas, por ejemplo).

No son abreviaturas aunque algunos, los alfabetizables sobre todo, se formen con la primera letra de la palabra a la que representan (H por hidrógeno) o por las primeras letras de los elementos que forman tal palabra (hl por hectolitro).

Los símbolos están referidos, por tanto, a las unidades básicas y derivadas del Sistema Internacional de Medidas (m, kg, cm, l), a las unidades monetarias (€, £, ¥), a las operaciones y conceptos matemáticos (∞, ÷, √), a los elementos de la tabla periódica (F, Fe, Au), a los puntos cardinales (N, W, E, S) e, incluso, a los libros de la Biblia (Lv, Gn).

En la Ortografía de la Lengua Española, la Academia establece, entre otras cuestiones, que se escriben sin puntos (¡no son abreviaturas!), en redonda y sin tildes (a por área, ha por hectárea), que no varían en plural (1 km, 475 km), que son formas fijas (se escriben siempre de la misma forma, pudiendo combinar algunos mayúsculas y minúsculas), que se escriben después de la cifra a la que acompañan y separados de ella por un espacio en blanco (16 €, 8 ºC, 76 %, 359 hl, 34 USD), salvo los símbolos y números volados que van pegados a ella (45º, 6²).

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Si alguien dijese:

-Juan llevó a papá al polideportivo.

¿Cuál sería el pronombre personal átono de tercera persona del singular gramaticalmente más correcto?:

1)
-Juan LO llevó al polideportivo.

o

2)
-Juan LE llevó al polideportivo.

------------------------------

Si alguien dijese:

-Juan llevó a papá un regalo.

¿Cuál sería la opción gramaticalmente más correcta?

3)
–Juan LE llevó un regalo.

o

4)
-Juan LO llevó un regalo.

------------------------------

Para saber cuál es el pronombre personal átono de tercera persona que corresponde usar en cada caso, tenemos que saber diferenciar muy bien entre el complemento directo de persona y el complemento indirecto. No confundir el complemento directo de persona con el indirecto y, como consecuencia, no caer en el leísmo o en el loísmo, es una tarea no muy fácil para algunas personas.

Recordemos nuestras dos oraciones de muestra:

«Juan llevó a papá al polideportivo».

«Juan llevó a papá un regalo».

Podríamos pensar que «a papá» es en ambos casos el complemento indirecto, pues se trata de una persona y está introducida por la preposición «a», pero no es así. Solo lo es en la segunda oración. En la primera es el complemento directo de persona.

Un truco para saber cuál es el complemento directo de una oración consiste en pasar la oración a pasiva. Al hacerlo, el complemento directo pasa a ser el sujeto de la nueva oración, mientras que el complemento indirecto no sufre cambios.

Así, podemos decir:

«Papá fue llevado al polideportivo por Juan»

Pero no podemos decir:

«Papá fue llevado un regalo por Juan» porque, en esta oración, el complemento directo es «un regalo» y el indirecto, «a papá».

Los complementos directos pueden sustituirse por «lo» o «los».

De tal forma, tendríamos que decir:

«Juan LO llevó al polideportivo»,

y

«Juan LE llevó un regalo».

De hecho, el leísmo consiste en utilizar «le o les» para la sustitución de un complemento directo.

Así, si alguien dice:

«Juan quiere a Luis».

«Juan corrigió a David y a Roberto».

«Juan presentó a Rodrigo y a Javier».

Deberíamos usar el pronombre «lo»:

«Juan lo quiere».

«Juan los corrigió».

«Juan los presentó».

No obstante, el leísmo masculino singular de persona está admitido por la Real Academia Española, no así en femenino, ni para cosas, ni en plural.

¡Esperamos que este vídeo os sirva de ayuda!

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Hace unos días, el diario digital Vozpópuli nos informaba en esta noticia de que nuestro ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, no tenía intención de «hacer lobby» en Buenos Aires a favor de la candidatura olímpica de Madrid 2020.
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«Hacer lobby» significa que un particular o un grupo de personas con determinados intereses en alguna causa realizan acciones dirigidas a influir, en principio, ante la Administración Pública para conseguir que quienes toman las decisiones lo hagan favoreciendo sus intereses. Hoy en día se entiende por lobby, según el Diccionario de la Real Academia Española, un «grupo de personas influyentes, organizado para presionar en favor de determinados intereses» tanto en el ámbito público como en el de las instituciones privadas.

El Diccionario Panhispánico de Dudas, como puso de relieve la Fundéu hace unas semanas, dice que esta voz inglesa puede sustituirse por términos o expresiones en español de significado equivalente. De tal modo, lobby puede sustituirse por «grupo de presión» y hacer lobby, por «presionar», «ejercer presión» o, como ocurre en algunos países latinoamericanos, «cabildear». Y un lobbyist, o sea, la persona que pertenece a uno de estos grupos, es un «lobista».

Así pues, habría sido preferible que este titular hubiese rezado así:

«El ministro Guindos no hará presión en Buenos Aires en la víspera de la elección de los JJOO de 2020».

Esto no quiere decir que el titular esté mal. De hecho, dado que es un extranjerismo de uso muy extendido, puede utilizarse. Eso sí, la Academia establece que todos los extranjerismos no adaptados se escriban en cursiva o, en su defecto, entre comillas. Y eso sí que falta en este titular.

Por cierto, ¿alguien ve algún otro error en este titular? Adelante, ¡es muy fácil!

ACTUALIZACIÓN (sobre la grafía de las abreviaturas dobles):

El error sobre el que os preguntábamos ayer en esta misma entrada se refiere a la escritura de la abreviatura de Juegos Olímpicos, o sea, a la tradición gráfica de nuestra lengua, aconsejada por la Academia, en lo referente a las llamadas abreviaturas dobles. Estamos pues ante la regla que establece cómo se construyen las abreviaturas de los nombres formados por dos palabras en plural.

Lo mismo ocurre con las abreviaturas de Estados Unidos, de Comunidades Autónomas, de Recursos Humanos, de Administraciones Públicas, de Comisiones Obreras, de Fuerzas Armadas, de Relaciones Públicas, de Sus Majestades, de Derechos Humanos, etc.

Para formar estas abreviaturas hay que dar cuatro pasos:

1º.- Cogemos la primera letra en mayúscula de cada una de las palabras que vamos a abreviar. J de juegos y O de olímpicos, en este ejemplo.

2º.- Duplicamos dichas letras para indicar que las palabras así abreviadas están -y se leen- en plural. Es decir, ya tendríamos: JJOO

3º.- Ponemos punto indicativo de abreviatura inmediatamente después de cada uno de los dos grupos de letras que componen la abreviatura. Quedaría así: JJ.OO.

4º.- Finalmente, dejamos un espacio en blanco entre los dos grupos letras de la misma forma que hay que respetarlo entre las dos palabras a las que se refiere la abreviatura cuando las escribimos sin abreviar. El resultado sería: JJ. OO.

Por tanto, la grafía correcta de la abreviatura de Juegos Olímpicos es JJ. OO., no «JJOO» (como aparece en el titular de la noticia que ha motivado esta entrada), ni «JJ OO», ni «JJ. OO», ni «JJ.OO.», ni «JJ.OO», ni «J. J. O. O.», ni «J.J.O.O.», ni ninguna otra de las combinaciones que tan frecuentemente leemos en los carteles, en los libros o en los periódicos y que apenas sirven para complicarnos la existencia, la escritura y la lectura.

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Observad este cartel que nos encontramos pegado en el escaparate de una pastelería hace un par de noches.

Salta a la vista que su autor tiene algún que otro problema con la conjugación del verbo elegir (concretamente con la tercera persona del singular del presente de indicativo) y lo comparte con todos los clientes del establecimiento.
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Pero..., ¿veis o encontráis algo más que os parezca erróneo o que os suene raro?

¡Esperamos vuestras impresiones al respecto! Nos gustaría leeros. Comentad libremente. Nosotros actualizaremos esta entrada más tarde para daros nuestra opinión sobre este texto.

PD: Perdón por la calidad de la imagen. Ya hemos dicho que era de noche.

ACTUALIZACIÓN (sobre la cohesión del texto):

Desde nuestro punto de vista, creemos que hay un problema de cohesión textual en la segunda frase del texto del cartel. En ella se nos invita a elegir el modelo que queramos, de todas las que ofrecen en el muestrario de tartas que citan en la frase anterior, y se comprometen a fabricárnosla recién hecha personalizada.

Alguien, en primer lugar, nos podría sugerir que el verbo «fabricar» no es el más adecuado para referirse a la labor de hacer tartas (o cualquier otro producto destinado a la alimentación humana) y que le suena mejor algún otro verbo como, por ejemplo, «elaborar». Con más razón si se trata de un proceso artesanal o manual como parece este caso, pues el verbo «fabricar» implica la idea de producir objetos en serie por medios mecánicos.

Con lo de recién hecha parece que el autor nos quiere dar a entender que las tartas no las traen hechas de otro sitio, ni las tienen varios días en sus expositores o frigoríficos hasta que algún cliente las compra. Las elaboran en la pastelería y en el momento para quienes las solicitan. Pero debemos reconocer que no es la mejor fórmula para dar a entender esto porque fabricar o elaborar algo recién hecho es una redundancia. ¿Acaso es posible fabricar algo que no esté recién hecho cuando lo que se fabrica responde a un encargo que se hace para alguien y a quien se le pide que se pase a recogerlo cuanto antes, recién salido del horno, para que pueda disfrutar de su sabor en toda su intensidad?

Además, la incorporación de ese recién hecha en este texto motiva que el complemento personalizada se aleje del verbo «fabricar», al que complementa (valga la redundancia) indicando cómo son las tartas de este establecimiento. Se nos antoja que queda un tanto lejos del verbo. Así pues, la oración te la fabricamos recién hecha personalizada, sin la conjunción copulativa «y» entre recién hecha y personalizada, suena bastante rara.

¿No habría quedado mucho mejor algo así como: «te la elaboramos en el momento y personalizada»? ¿O simplemente «te la elaboramos personalizada», entendiendo que el hecho de que la hagan de ese modo implica la idea de que la harán solo para nosotros, a partir del momento en que la solicitemos y nos la entregarán recién salida del horno?

Recordad que el objetivo más importante de la escritura es ser inteligible. Es decir, que nuestros textos se entiendan, nos los entiendan los demás. Para ello, una de las reglas de oro de la buena escritura es la concisión y el ahorro de elementos que no aportan nada al mensaje pero que sí embarullan, mezclan unos elementos con otros o los alejan, reduciendo el potencial comunicativo y la calidad de nuestros escritos. Este breve texto podría ser un ejemplo de todo esto.

Escribamos sencillamente, sin cursilerías y sin elementos accesorios o redundantes. Las frases largas y revestidas no son necesariamente más bonitas, ni más claras, que las cortas, ni nos hacen parecer más cultos. Busquemos la concisión, la brevedad y alejémonos de expresiones largas, subordinadas y complicadas que, manejadas con poca soltura, solo nos sirven para arriesgarnos a componer textos difíciles, repetitivos, enrevesados y liosos. Si no, estamos condenados a aburrir a quien nos lea y a que el mensaje no llegue a nuestros lectores o clientes.

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Una de las cuestiones más controvertidas del uso de la lengua española es, quizá, lo que toca a las mayúsculas. Seguramente por ello, la Real Academia Española dedicó un amplísimo capítulo a regular el uso de las mayúsculas y de las minúsculas en la primera parte de su Ortografía de la lengua española, publicada a finales de 2010.

Observemos la fotografía:
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Hay quienes creen, o al menos así lo parece por el uso que hacen de las mayúsculas, que estas sirven para resaltar las palabras importantes de un texto. Con ellas, piensan, llaman la atención del lector sobre cada una de ellas. En este caso concreto se nos advierte de los documentos que hay que presentar para poder hacernos una prueba médica.

Pero, desgraciadamente para los que así usan las mayúsculas, este uso no es correcto. Ni usar mayúsculas de este modo queda bonito pues, como podemos observar, la mayúscula rompe la caja de la escritura determinada por la escritura en minúsculas, que es la escritura normal.

Si leemos las reglas sobre el uso de las mayúsculas de la Real Academia Española, veremos que las mayúsculas en posición inicial de palabra que utiliza el autor en el texto del cartel inferior no están justificadas, pues no vienen exigidas por la puntuación, ni responden a los casos que la Academia contempla independientemente de la puntuación de los textos.

Por tanto, en este cartel informativo el autor debería haber escrito las palabras «Ecografía», «Volante», «Médico», «Tarjeta» y «Sanitaria» con iniciales minúsculas.

Pero las erratas no terminan aquí. Sigamos con las mayúsculas y, ahora, su relación con las siglas..., en el mismo cartel.

En este texto aparece una sigla: «D.N.I.», formada por las iniciales mayúsculas de las palabras documento, nacional e identidad, que alude a un objeto oficial que, expedido por un funcionario público, les sirve a los ciudadanos para identificarse en distintas situaciones.

En la misma obra antes citada, la Academia regula el uso de las siglas y establece que se escribirán en mayúscula todas las letras que las forman, excepto si se trata de acrónimos lexicalizados como Unesco o Unicef (con inicial mayúscula por ser nombres propios) o láser, sida u ovni (en minúscula por ser nombres comunes). Establece claramente, además, que las siglas nunca se escribirán con espacios o puntos de separación entre las letras que las forman como vemos en este cartel con la sigla «D.N.I.». Solo se admiten esos puntos cuando el texto del que forma parte la sigla se escribe enteramente en mayúsculas.

Por otro lado, teniendo en cuenta que la sigla DNI no hace referencia a alguna institución, organismo, asociación, publicación periódica o colección, documento legal o histórico, etc.,  el autor podría haberla desarrollado perfectamente en minúsculas (documento nacional de identidad). Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la sigla IPC que utilizamos para referirnos al índice de precios de consumo.

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Hoy vamos a tratar del uso de una expresión que utilizan muy frecuentemente los políticos y los periodistas que acercan a los ciudadanos la opinión y el quehacer diario de nuestros representantes. Se trata, en efecto, de la expresión en sede parlamentaria, que hemos leído en esta noticia de ayer, 19 de agosto de 2013, del diario Público.es.
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Parece claro que se utiliza como sinónimo de Parlamento, como un recurso que les permitiría al político y al periodista no repetir tantas veces dicha palabra y, así, hacer que sus textos o discursos no sean repetitivos; ni su lectura, molesta. También opinamos que el uso de esta fórmula tiene algo de pedantería o cursilería pues, como ha advertido la Fundéu, se usa abusivamente, es una expresión más molesta que la propia repetición que se pretende evitar y, además, se usa equivocadamente, es decir, sin el artículo que la debería acompañar: en [la] sede parlamentaria.

Bien es verdad que la ausencia del artículo se ha generalizado en algunos casos como, por ejemplo: estar en cama, en casa, en clase, en misa o en capilla. Pero no parece haber cuajado cuando nos referimos a instituciones, como es el caso que aquí nos trae: trabajo en biblioteca municipal, el aforado será juzgado en Tribunal Supremo, el cura ofició la misa en iglesia o tiene una tienda en mercado; salvedad hecha de dos sí utilizadas frecuentemente, a saber: estar en comisaría o jugar en Bolsa.

El caso es que estamos llegando a una situación en la que la palabra Parlamento casi ha desaparecido en favor de esa expresión tan rebuscada. De hecho, parece como si sus usuarios estuviesen convencidos de su corrección y, es más, de que les hace parecer muy elegantes y refinados en el uso de la lengua. Y no solo eso. A veces se usa con otras preposiciones distintas a en, por ejemplo: se amparó en su condición de diputado para mentir desde sede parlamentaria.

¿Cómo podríamos decir Parlamento de otra manera? Aprovechemos que tenemos un sistema bicameral y utilizemos los nombres de ambas cámaras, Congreso de los Diputados y Senado, en lugar de sedes parlamentarias. También hay quien se refiere al primero como el palacio de la Carrera de San Jerónimo. Y hay quien las menciona como cámaras legislativas o simplemente como poder legislativo. Parece, que es lo más importante, que opciones no nos faltan...

Como dice Lázaro Carreter, desde los años 90 del pasado siglo esto de la sede entró en nuestra forma de escribir y de hablar, y se ha quedado con nosotros. Ha tenido mucho éxito. Ha triunfado en su aplicación como sinónimo de Parlamento y también cuando nos referimos a los juzgados, que dejan de serlo para convertirse para algunos en sede judicial.

Pero es fácil comprender lo absurdo y cursi de la expresión si lo aplicamos a otros ámbitos: los Ayuntamientos dejarían de ser Ayuntamientos para pasar a ser sedes municipales; los campos de fútbol se convertirían en sedes futbolísticas; las estaciones de tren, en sedes ferroviarias; los aeropuertos, en sedes aeroportuarias; los circuitos de Fórmula 1, en sedes de carreras automovilísticas; los hoteles, en sedes hoteleras o turísticas; los restaurantes pasarían a ser sedes hosteleras; las universidades se convertirían en sedes universitarias y las plazas de toros, en sedes taurinas; y las astronaves se transformarían en sedes astronáuticas.

O sea, como se puede deducir fácilmente, esto es un despropósito, un abuso, un sinsentido, una deformación de la lengua. Como regla general, llamemos a las cosas por su nombre, no inventemos nombres cursis (y encima con errores) para cosas que ya los tienen, y no compliquemos la lectura de nuestros textos abusando de una expresión tan innecesaria como esta.

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