Os anunciamos que nuestro blog va a participar en la edición de los premios Bitácoras.com 2013.

Sería una inmensa suerte que todos aquellos a los que os interesa el contenido que hasta ahora hemos ido publicando, nos votaseis.

El proceso es muy fácil. A la derecha de nuestro blog, justo encima de la columna llamada «Mi blog», encontraréis un botón que os llevará directamente a la página desde la que podéis votar. En la categoría «Mejor blog de educación», tenéis que poner la url de nuestro blog (http://buenostextos.weebly.com/blog.html). Finalmente, hay que introducir un código de comprobación de seguridad, que aparece en la parte inferior de la página, y pinchar en «votar».

También podéis pinchar en este enlace. En esto caso os tenéis que identificar con vuestro usuario de Bitácoras.com o con vuestra cuenta de Facebook o de Twitter. A continuación, en la barra superior de color azul más claro, tenéis que pinchar en «votar» y en la categoría «Mejor blog de educación», poner la url de nuestro blog. En este caso también hay que introducir un código de comprobación de seguridad, que aparece en la parte inferior de la página, y pinchar en «votar».

Y esto es todo. Así de sencillo.

No nos queda más que daros las gracias por la ayuda que nos prestéis a este respecto y, por supuesto, por seguirnos y por leernos.

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¡Muchas gracias!
 
Ayer, en nuestra página de Facebook, os planteábamos esta pregunta:

«Si quiero decir que mi padre trabaja únicamente los sábados y los domingos, ¿cuál creéis que es la forma más incorrecta de decirlo?

1.- Mi padre trabaja solo los fines de semana.

2.- Mi padre trabaja sólo los fines de semana.

3.- Mi padre trabaja solamente los fines de semana».


Y hace algunos días nos topamos con el cartel que nos va a servir de excusa para esta pequeña entrada de hoy:
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En él se puede leer, entre otras cosas, la oración: «Sólo el bolsillo nota la diferencia». Discutamos sobre ese sólo con tilde diacrítica.

Seguro que todos recordamos la antigua regla que establecía que si esa palabra era usada como adverbio, en cuyo caso equivale a solamente, podía acentuarse. Es el caso de este cartel («Sólo el bolsillo nota la diferencia» / «Solamente el bolsillo nota la diferencia»). En cambio, si se usaba como adjetivo («No me gusta pasear solo») no tenía que escribirse con tilde. Esta regla, que se mantuvo inalterada hasta 1959, contravenía a esa otra regla de acentuación que todos conocemos desde el colegio y que establece que las palabras llanas terminadas en vocal, como lo es solo precisamente, no deben acentuarse.

No obstante, estaba muy extendida y, especialmente en casos de posible confusión o ambigüedad en una misma oración, se seguía utilizando (o se ha seguido utilizando, casi por mejor decir) la tilde diacrítica para diferenciar el uso adverbial del uso como adjetivo de la palabra solo. Este criterio de uso diferenciado fue el que se impuso a partir de 1959.

Esto no cambió radicalmente hasta hace apenas tres años, cuando en 2010 vio la luz la Ortografía de la lengua española. Fue, de hecho, uno de los cambios que más acaloradas discusiones provocó entre el común de los usuarios de nuestra lengua. Y ello se decidió así porque en este caso, y en el de los demostrativos, según la propia RAE, no se cumple el requisito de uso de la tilde diacrítica, «que es el de oponer palabras tónicas o acentuadas a palabras átonas o inacentuadas formalmente idénticas, ya que tanto solo como los demostrativos son siempre palabras tónicas en cualquiera de sus funciones».

Por tanto, el nuevo criterio es que se prescinda de esa tilde diacrítica en todos los casos, incluso en los ambiguos. Así lo recomienda la Academia, aunque sería muy aventurado decir que sólo, acentuado, es incorrecto. No fue más que eso, un consejo, una recomendación y, quizá por ello, hay quienes se resisten a este cambio hasta el punto de que la RAE ha tenido que reconocer el escaso éxito que ha tenido esta sugerencia entre los usuarios de nuestra lengua. Aún así, la propia Academia, en la última obra que hemos citado, sugiere algunas soluciones para huir de esos casos que pueden inducir a error o llevar a interpretaciones ambiguas, y que el propio contexto comunicativo es incapaz de resolver. Entre ellas encontramos «el empleo de sinónimos (solamente o únicamente, en el caso del adverbio solo), una puntuación adecuada, la inclusión de algún elemento que impida el doble sentido o un cambio en el orden de palabras que fuerce una única interpretación».

Así pues, volvamos al ejemplo que pusimos ayer en nuestra página de Facebook:

La opción más incorrecta, a juzgar por lo recomendado por la Academia, sería la segunda, pues la palabra solo no debe acentuarse y hay criterios que justifican suficientemente, al menos a juicio de nuestros académicos, tal razonamiento. Por tanto, deberíamos escribirlo sin acento, a pesar de que con ello podríamos pensar que mi padre no es que trabaje únicamente los fines de semana (uso como adverbio), sino que trabaja solo, en solitario, sin compañeros, los fines de semana (uso como adjetivo). Aunque la primera opción sería la más correcta, hay una forma de hacerla más correcta aún y de hacer evidente que ese solo lo estamos usando como adverbio: sustituyendo solo por solamente y, así, hacemos desaparecer toda posible duda en estos casos que se pueden interpretar de las dos maneras.

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Si observamos la fotografía de la carta de un restaurante, veremos que, como es habitual, aparecen los platos y, al lado, su precio en euros. El símbolo del euro (€) va pegado a la cifra en todos los casos.
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Efectivamente, el de escribir los símbolos pegados a la cifra a la que acompañan, es uno de los errores más comunes que podemos encontrar en cualquier texto.

Los símbolos son, según la Real Academia Española, representaciones gráficas estables (no varían, son siempre iguales) y normalizadas (con validez internacional en la mayoría de los casos), de carácter científico-técnico y formados por letras (los símbolos de los elementos de la tabla periódica o los puntos cardinales, por ejemplo) o por signos no alfabetizables (las unidades de moneda o los símbolos que utilizan los compositores en sus pentagramas, por ejemplo).

No son abreviaturas aunque algunos, los alfabetizables sobre todo, se formen con la primera letra de la palabra a la que representan (H por hidrógeno) o por las primeras letras de los elementos que forman tal palabra (hl por hectolitro).

Los símbolos están referidos, por tanto, a las unidades básicas y derivadas del Sistema Internacional de Medidas (m, kg, cm, l), a las unidades monetarias (€, £, ¥), a las operaciones y conceptos matemáticos (∞, ÷, √), a los elementos de la tabla periódica (F, Fe, Au), a los puntos cardinales (N, W, E, S) e, incluso, a los libros de la Biblia (Lv, Gn).

En la Ortografía de la Lengua Española, la Academia establece, entre otras cuestiones, que se escriben sin puntos (¡no son abreviaturas!), en redonda y sin tildes (a por área, ha por hectárea), que no varían en plural (1 km, 475 km), que son formas fijas (se escriben siempre de la misma forma, pudiendo combinar algunos mayúsculas y minúsculas), que se escriben después de la cifra a la que acompañan y separados de ella por un espacio en blanco (16 €, 8 ºC, 76 %, 359 hl, 34 USD), salvo los símbolos y números volados que van pegados a ella (45º, 6²).

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Si alguien dijese:

-Juan llevó a papá al polideportivo.

¿Cuál sería el pronombre personal átono de tercera persona del singular gramaticalmente más correcto?:

1)
-Juan LO llevó al polideportivo.

o

2)
-Juan LE llevó al polideportivo.

------------------------------

Si alguien dijese:

-Juan llevó a papá un regalo.

¿Cuál sería la opción gramaticalmente más correcta?

3)
–Juan LE llevó un regalo.

o

4)
-Juan LO llevó un regalo.

------------------------------

Para saber cuál es el pronombre personal átono de tercera persona que corresponde usar en cada caso, tenemos que saber diferenciar muy bien entre el complemento directo de persona y el complemento indirecto. No confundir el complemento directo de persona con el indirecto y, como consecuencia, no caer en el leísmo o en el loísmo, es una tarea no muy fácil para algunas personas.

Recordemos nuestras dos oraciones de muestra:

«Juan llevó a papá al polideportivo».

«Juan llevó a papá un regalo».

Podríamos pensar que «a papá» es en ambos casos el complemento indirecto, pues se trata de una persona y está introducida por la preposición «a», pero no es así. Solo lo es en la segunda oración. En la primera es el complemento directo de persona.

Un truco para saber cuál es el complemento directo de una oración consiste en pasar la oración a pasiva. Al hacerlo, el complemento directo pasa a ser el sujeto de la nueva oración, mientras que el complemento indirecto no sufre cambios.

Así, podemos decir:

«Papá fue llevado al polideportivo por Juan»

Pero no podemos decir:

«Papá fue llevado un regalo por Juan» porque, en esta oración, el complemento directo es «un regalo» y el indirecto, «a papá».

Los complementos directos pueden sustituirse por «lo» o «los».

De tal forma, tendríamos que decir:

«Juan LO llevó al polideportivo»,

y

«Juan LE llevó un regalo».

De hecho, el leísmo consiste en utilizar «le o les» para la sustitución de un complemento directo.

Así, si alguien dice:

«Juan quiere a Luis».

«Juan corrigió a David y a Roberto».

«Juan presentó a Rodrigo y a Javier».

Deberíamos usar el pronombre «lo»:

«Juan lo quiere».

«Juan los corrigió».

«Juan los presentó».

No obstante, el leísmo masculino singular de persona está admitido por la Real Academia Española, no así en femenino, ni para cosas, ni en plural.

¡Esperamos que este vídeo os sirva de ayuda!

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Hace unos días, el diario digital Vozpópuli nos informaba en esta noticia de que nuestro ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, no tenía intención de «hacer lobby» en Buenos Aires a favor de la candidatura olímpica de Madrid 2020.
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«Hacer lobby» significa que un particular o un grupo de personas con determinados intereses en alguna causa realizan acciones dirigidas a influir, en principio, ante la Administración Pública para conseguir que quienes toman las decisiones lo hagan favoreciendo sus intereses. Hoy en día se entiende por lobby, según el Diccionario de la Real Academia Española, un «grupo de personas influyentes, organizado para presionar en favor de determinados intereses» tanto en el ámbito público como en el de las instituciones privadas.

El Diccionario Panhispánico de Dudas, como puso de relieve la Fundéu hace unas semanas, dice que esta voz inglesa puede sustituirse por términos o expresiones en español de significado equivalente. De tal modo, lobby puede sustituirse por «grupo de presión» y hacer lobby, por «presionar», «ejercer presión» o, como ocurre en algunos países latinoamericanos, «cabildear». Y un lobbyist, o sea, la persona que pertenece a uno de estos grupos, es un «lobista».

Así pues, habría sido preferible que este titular hubiese rezado así:

«El ministro Guindos no hará presión en Buenos Aires en la víspera de la elección de los JJOO de 2020».

Esto no quiere decir que el titular esté mal. De hecho, dado que es un extranjerismo de uso muy extendido, puede utilizarse. Eso sí, la Academia establece que todos los extranjerismos no adaptados se escriban en cursiva o, en su defecto, entre comillas. Y eso sí que falta en este titular.

Por cierto, ¿alguien ve algún otro error en este titular? Adelante, ¡es muy fácil!

ACTUALIZACIÓN (sobre la grafía de las abreviaturas dobles):

El error sobre el que os preguntábamos ayer en esta misma entrada se refiere a la escritura de la abreviatura de Juegos Olímpicos, o sea, a la tradición gráfica de nuestra lengua, aconsejada por la Academia, en lo referente a las llamadas abreviaturas dobles. Estamos pues ante la regla que establece cómo se construyen las abreviaturas de los nombres formados por dos palabras en plural.

Lo mismo ocurre con las abreviaturas de Estados Unidos, de Comunidades Autónomas, de Recursos Humanos, de Administraciones Públicas, de Comisiones Obreras, de Fuerzas Armadas, de Relaciones Públicas, de Sus Majestades, de Derechos Humanos, etc.

Para formar estas abreviaturas hay que dar cuatro pasos:

1º.- Cogemos la primera letra en mayúscula de cada una de las palabras que vamos a abreviar. J de juegos y O de olímpicos, en este ejemplo.

2º.- Duplicamos dichas letras para indicar que las palabras así abreviadas están -y se leen- en plural. Es decir, ya tendríamos: JJOO

3º.- Ponemos punto indicativo de abreviatura inmediatamente después de cada uno de los dos grupos de letras que componen la abreviatura. Quedaría así: JJ.OO.

4º.- Finalmente, dejamos un espacio en blanco entre los dos grupos letras de la misma forma que hay que respetarlo entre las dos palabras a las que se refiere la abreviatura cuando las escribimos sin abreviar. El resultado sería: JJ. OO.

Por tanto, la grafía correcta de la abreviatura de Juegos Olímpicos es JJ. OO., no «JJOO» (como aparece en el titular de la noticia que ha motivado esta entrada), ni «JJ OO», ni «JJ. OO», ni «JJ.OO.», ni «JJ.OO», ni «J. J. O. O.», ni «J.J.O.O.», ni ninguna otra de las combinaciones que tan frecuentemente leemos en los carteles, en los libros o en los periódicos y que apenas sirven para complicarnos la existencia, la escritura y la lectura.

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Ayer nos sorprendió la alcaldesa de Telde, María del Carmen Castellano, con su opinión sobre las bibliotecas, algo que toca muy de cerca a quienes trabajamos en el ámbito editorial y siempre andamos con libros o proyectos de libros entre manos. En una entrevista dijo que las bibliotecas no dan dinero y, como las de su municipio están gestionadas por una empresa pública que lleva dos años seguidos con pérdidas, esta debería desaparecer, así como las bibliotecas que de ella dependen, en aplicación de la ley de estabilidad presupuestaria del ministro Montoro.

Analicemos un poco la situación:

Estas palabras fueron manifestadas por una alcaldesa, esto es, un cargo público que se supone que ama lo público, que tiene vocación de servicio público y a la que le gusta gestionar lo que es de todos y lo que nos iguala a todos, seamos ricos o pobres. Pero este caso no parece ser así. Esta alcaldesa prefiere prescindir de un servicio público esencial para los ciudadanos porque no es rentable económicamente. Y no hay tu tía porque, añadió, los trabajadores tenían que buscar fuentes de financiación distintas del Ayuntamiento si querían hacer que su empresa volviese a ser viable y, así, escapar de un cierre que parece seguro. ¿No es paradójico que a esta servidora pública no le importe perder un servicio público?

También sorprende que sea un servidor público, que debe conocer la naturaleza de los servicios que gestiona, el que diga que las bibliotecas no dan dinero. ¿Acaso deberían darlo? ¿Producen dinero las escuelas, los bomberos, los funcionarios, la policía, los médicos o los hospitales? Me temo que no mucho. El argumento de que  no dan dinero no sirve para prescindir de unos servicios públicos esenciales para la comunidad, pues generar dinero o beneficios económicos no es su objetivo. Por lo contrario, están orientados a cubrir necesidades más o menos básicas de la población y, por ello, son públicos y deberían ser incuestionables.

Los médicos y los hospitales curan, las escuelas enseñan, los bomberos apagan los fuegos y las bibliotecas nos dan cultura, información y argumentos para formarnos como ciudadanos e individuos libres. Estos servicios no pueden medirse en términos económicos porque, además de ser contrario a su esencia, muchos están tan consolidados que se han venido considerando derechos fundamentales de los ciudadanos e, incluso, se han recogido en nuestras constituciones políticas. Son servicios que nos igualan a todos, tengamos mucho o poco poder adquisitivo, pues todos, los ricos y los pobres, podemos coger prestados los libros que están en las estanterías de la misma biblioteca y acceder así a la misma cultura.

¿No sorprende, pues, que un servidor público, cuya vocación se supone que es lo público, hable de lo público como si fuera el gerente de una empresa privada, que sí está orientada a la generación de beneficios y que si encuentra algo que no los genera, prescinde de ello sin pensárselo dos veces? Y si añadimos que la regidora de Telde está siendo investigada por malversación, fraude, blanqueo de capitales y algún delito más, esto se convierte en una broma de muy mal gusto.

Las opiniones de la alcaldesa no son más que otra manifestación de la situación histórica que estamos viviendo. Nuestros gobiernos, europeo y nacional, parecen entregados desde hace años a una nueva vuelta de tuerca de la política neoliberal, al menos si se trata de prescindir de servicios y de derechos fundamentales, con el argumento del ahorro, de que no se puede hacer otra cosa, de que si no se hiciera aún estaríamos sufriendo más, y de la culpabilización de los ciudadanos que, al parecer, hemos vivido como ricos e inconscientes, despilfarrando sin ahorrar para el mañana. Como si los servicios públicos e infraestructuras que ahora hay que cerrar no las hubiesen proyectado, construido y considerado fundamentales los mismos que ahora vienen recortándolas. Es la doctrina del sálvase quien pueda, cúrese quien pueda, culturícese quien pueda, edúquese quien pueda, lea quien pueda y apáguese sus fuegos quien pueda. Es la doctrina del búsquese la vida previo pago de tal o cual cantidad de dinero por los servicios cada vez menos públicos que se nos prestan aunque, día a día, los periódicos descubren subvenciones, ayudas, financiaciones ilegales que demuestran que hay dinero para lo que se quiere y que esa vuelta de tuerca de la política neoliberal está siendo un tanto selectiva, pues afecta más a los servicios públicos que a las verdaderas mamandurrias de las que muchos llevan viviendo desde tiempos inmemoriales.

Es decir, al mismo tiempo que se amenaza con cerrar o privatizar servicios públicos se hacen públicas las pérdidas de las autovías de peaje, o de las cajas y de los bancos que nos han saqueado hasta llegar aquí. Y tenemos que asistir a un continuo desfile de presuntos corruptos de los partidos que nos gobiernan, que han vivido del dinero público impunemente, que siguen haciéndolo y que nos culpan a nosotros, los ciudadanos, de manirrotos y causantes de este desaguisado.

La lástima es que si nos cierran las bibliotecas ya no vamos a poder tener siquiera libros para evadirnos de tanta miseria. ¿No es triste?

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