¿Cuántas veces hemos escuchado decir a alguno de nuestros líderes o representantes políticos, sociales, sindicales o económicos, que valoran positivamente las decisiones del Gobierno, las palabras del tal o cual ministro o los datos de la Encuesta de Población Activa o del paro registrado?

Seguramente muchísimas veces, pues es una expresión muy común.

Aunque sea una expresión tan presente en nuestro día a día, no por ello es correcta.

Veamos el significado del verbo valorar. Además de «señalar el precio de algo», la segunda acepción que encontramos en el diccionario de la Real Academia Española es esta: «Reconocer, estimar o apreciar el valor o mérito de alguien o algo».

Es decir, si bien no muy clara o taxativamente, el diccionario le atribuye un significado positivo. Es una acción positiva. Por tanto, si alguien valora algo positivamente está siendo redundante. Y si lo valora negativamente, está utilizando una expresión absurda de acuerdo con la definición que acabamos de leer.

De todos modos, deberíamos tener más cuidado cuando utilizamos el verbo valorar, tan maltratado y del que tanto abusamos. Si, como acabamos de señalar, valorar significa señalar el precio de algo o apreciar el valor o el mérito de alguien o de algo, ¿por qué lo usamos como sinónimo de analizar, estudiar, evaluar u opinar? Los daños (de un accidente o de un desastre natural, por ejemplo) no se valoran, se evalúan; los casos (para una investigación, por ejemplo) no se valoran, se estudian; los resultados (de una investigación) o la situación de algo o de alguien no se valoran, se analizan; y las ideas, propuestas o hechos de alguien no se valoran por los demás, sino que se opina o se exponen los puntos de vista sobre ellas.

Para expresar, como hacen nuestros líderes y políticos, que se está de acuerdo con las medidas, decisiones, opiniones, etc., de alguien, basta utilizar, sin más complicaciones, el verbo aprobar. Y para expresar lo contrario, es suficiente el verbo rechazar. Huyamos, pues, de las redundancias y de expresiones tan farragosas o absurdas como las de valorar positivamente o valorar negativamente.

Por otra parte, todos habremos valorado algo con el sentido de apreciarlo y, para ello, no hemos usado un verbo que le va mucho mejor: estimar. Tampoco se entiende que nos empeñemos en valorar positivamente algo y no seamos capaces de manifestar nuestro acuerdo o nuestra conformidad al respecto. Y, por el contrario, muy pocos son los que rechazan o expresan su desacuerdo sobre algo o lo consideran reprobable, y prefieren valorarlo negativamente.

Es decir, por mucho que nos empeñemos en usarlo mal y en usar expresiones complejas  y hasta petulantes, el verbo valorar se utiliza en concreto para expresar el valor de algo (de un coche, un reloj, una joya, una docena de huevos, etc.):

«El apartamento que compraron mis abuelos estaba valorado en 450 000 pesetas».

 Y, como ya hemos dicho, para reconocerle un mérito a alguien:

«Con la concesión del premio Nobel de la Paz a Desmond Tutu en 1984, la institución sueca valoró la gran aportación del clérigo africano al fin del apartheid en Sudáfrica».

Finalmente, también se utiliza con el sentido de «aumentar el valor de algo» y, en química, para «determinar la composición exacta de una disolución».

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