Observad este cartel que nos encontramos pegado en el escaparate de una pastelería hace un par de noches.

Salta a la vista que su autor tiene algún que otro problema con la conjugación del verbo elegir (concretamente con la tercera persona del singular del presente de indicativo) y lo comparte con todos los clientes del establecimiento.
Imagen
Pero..., ¿veis o encontráis algo más que os parezca erróneo o que os suene raro?

¡Esperamos vuestras impresiones al respecto! Nos gustaría leeros. Comentad libremente. Nosotros actualizaremos esta entrada más tarde para daros nuestra opinión sobre este texto.

PD: Perdón por la calidad de la imagen. Ya hemos dicho que era de noche.

ACTUALIZACIÓN (sobre la cohesión del texto):

Desde nuestro punto de vista, creemos que hay un problema de cohesión textual en la segunda frase del texto del cartel. En ella se nos invita a elegir el modelo que queramos, de todas las que ofrecen en el muestrario de tartas que citan en la frase anterior, y se comprometen a fabricárnosla recién hecha personalizada.

Alguien, en primer lugar, nos podría sugerir que el verbo «fabricar» no es el más adecuado para referirse a la labor de hacer tartas (o cualquier otro producto destinado a la alimentación humana) y que le suena mejor algún otro verbo como, por ejemplo, «elaborar». Con más razón si se trata de un proceso artesanal o manual como parece este caso, pues el verbo «fabricar» implica la idea de producir objetos en serie por medios mecánicos.

Con lo de recién hecha parece que el autor nos quiere dar a entender que las tartas no las traen hechas de otro sitio, ni las tienen varios días en sus expositores o frigoríficos hasta que algún cliente las compra. Las elaboran en la pastelería y en el momento para quienes las solicitan. Pero debemos reconocer que no es la mejor fórmula para dar a entender esto porque fabricar o elaborar algo recién hecho es una redundancia. ¿Acaso es posible fabricar algo que no esté recién hecho cuando lo que se fabrica responde a un encargo que se hace para alguien y a quien se le pide que se pase a recogerlo cuanto antes, recién salido del horno, para que pueda disfrutar de su sabor en toda su intensidad?

Además, la incorporación de ese recién hecha en este texto motiva que el complemento personalizada se aleje del verbo «fabricar», al que complementa (valga la redundancia) indicando cómo son las tartas de este establecimiento. Se nos antoja que queda un tanto lejos del verbo. Así pues, la oración te la fabricamos recién hecha personalizada, sin la conjunción copulativa «y» entre recién hecha y personalizada, suena bastante rara.

¿No habría quedado mucho mejor algo así como: «te la elaboramos en el momento y personalizada»? ¿O simplemente «te la elaboramos personalizada», entendiendo que el hecho de que la hagan de ese modo implica la idea de que la harán solo para nosotros, a partir del momento en que la solicitemos y nos la entregarán recién salida del horno?

Recordad que el objetivo más importante de la escritura es ser inteligible. Es decir, que nuestros textos se entiendan, nos los entiendan los demás. Para ello, una de las reglas de oro de la buena escritura es la concisión y el ahorro de elementos que no aportan nada al mensaje pero que sí embarullan, mezclan unos elementos con otros o los alejan, reduciendo el potencial comunicativo y la calidad de nuestros escritos. Este breve texto podría ser un ejemplo de todo esto.

Escribamos sencillamente, sin cursilerías y sin elementos accesorios o redundantes. Las frases largas y revestidas no son necesariamente más bonitas, ni más claras, que las cortas, ni nos hacen parecer más cultos. Busquemos la concisión, la brevedad y alejémonos de expresiones largas, subordinadas y complicadas que, manejadas con poca soltura, solo nos sirven para arriesgarnos a componer textos difíciles, repetitivos, enrevesados y liosos. Si no, estamos condenados a aburrir a quien nos lea y a que el mensaje no llegue a nuestros lectores o clientes.

Si te ha interesado esta entrada y nuestra actividad en general, puedes seguirnos en nuestra página de Facebook y en nuestro perfil de Twitter:
Join Our Facebook Fan Page Follow Us On Twitter
¡Muchas gracias!
 
 
Dice el titular de esta noticia de La Voz de Galicia.es que una persona ha sido amenazada gravemente:
Imagen
¿Acaso las amenazas pueden ser de otra forma? ¿Hay amenazas no graves, baladíes, intrascendentes?

Si amenazar significa, según la primera acepción que recoge el diccionario de la Real Academia Española, «dar a entender con actos o palabras que se quiere hacer algún mal a alguien», ¿puede amenazarse a alguien de una forma que no sea gravemente? ¿Se puede querer hacer algún mal a alguien sin gravedad, sin exceso, sin importancia o sin trascendencia?

¿No os parece redundante esto de amenazar gravemente?

Si te ha interesado esta entrada y nuestra actividad en general, puedes seguirnos en nuestra página de Facebook y en nuestro perfil de Twitter:
Join Our Facebook Fan Page Follow Us On Twitter
¡Muchas gracias!
 
 
Hoy es un día muy desagradable para todos los gallegos en concreto, que algo saben por desgracia de tragedias de todo tipo; y para los españoles en general, que tenemos cierta experiencia en accidentes ferroviarios de lo más sangriento.

Poco puede hacerse por los fallecidos y, por el contrario, todos los esfuerzos de los profesionales se orientan en estos casos a salvar la vida de todos los heridos.

Los correctores y lingüistas debemos recordar y sancionar el uso tan frecuente que se hace de una expresión tan redundante como es la de recuperarse favorablemente.

Si leemos la definición del verbo recuperar en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, observamos que la sexta acepción dice: «Dicho de una persona o de una cosa: Volver a un estado de normalidad después de haber pasado por una situación difícil». Una situación que bien puede ser la provocada por una enfermedad o un accidente.

De acuerdo con ello, recuperarse favorablemente es una redundancia porque en la definición está incluido el sentido de volver a la normalidad, de sanar, de reponerse, de curarse, etc. Lo único posible es, pues, recuperarse favorablemente. Hacerlo desfavorable o negativamente no tiene el mayor sentido. Es un absurdo.

Un enfermo o un herido se recupera o no y, si lo hace, siempre será positiva o favorablemente. En cambio, el verbo evolucionar sí admite que especifiquemos si dicha evolución es favorable o negativa en tanto en cuanto ese verbo significa, según el mismo diccionario, que algo o alguien pasa de un estado a otro, ya sea de un estado bueno a uno malo o al revés.

Todo esto lo explicó muy bien hace algún tiempo la Fundación del Español Urgente en uno de sus vídeos. Aquí os lo dejo.
Desde Buenos textos nos unimos a los sentimientos de dolor que llegan sin parar desde Galicia y queremos expresar nuestro más sentido pésame a las familias de los fallecidos.

Si te ha interesado esta entrada y nuestra actividad en general, puedes seguirnos en nuestra página de Facebook y en nuestro perfil de Twitter:
Join Our Facebook Fan Page Follow Us On Twitter
¡Muchas gracias!
 
 
¿Cuántas veces hemos escuchado decir a alguno de nuestros líderes o representantes políticos, sociales, sindicales o económicos, que valoran positivamente las decisiones del Gobierno, las palabras del tal o cual ministro o los datos de la Encuesta de Población Activa o del paro registrado?

Seguramente muchísimas veces, pues es una expresión muy común.

Aunque sea una expresión tan presente en nuestro día a día, no por ello es correcta.

Veamos el significado del verbo valorar. Además de «señalar el precio de algo», la segunda acepción que encontramos en el diccionario de la Real Academia Española es esta: «Reconocer, estimar o apreciar el valor o mérito de alguien o algo».

Es decir, si bien no muy clara o taxativamente, el diccionario le atribuye un significado positivo. Es una acción positiva. Por tanto, si alguien valora algo positivamente está siendo redundante. Y si lo valora negativamente, está utilizando una expresión absurda de acuerdo con la definición que acabamos de leer.

De todos modos, deberíamos tener más cuidado cuando utilizamos el verbo valorar, tan maltratado y del que tanto abusamos. Si, como acabamos de señalar, valorar significa señalar el precio de algo o apreciar el valor o el mérito de alguien o de algo, ¿por qué lo usamos como sinónimo de analizar, estudiar, evaluar u opinar? Los daños (de un accidente o de un desastre natural, por ejemplo) no se valoran, se evalúan; los casos (para una investigación, por ejemplo) no se valoran, se estudian; los resultados (de una investigación) o la situación de algo o de alguien no se valoran, se analizan; y las ideas, propuestas o hechos de alguien no se valoran por los demás, sino que se opina o se exponen los puntos de vista sobre ellas.

Para expresar, como hacen nuestros líderes y políticos, que se está de acuerdo con las medidas, decisiones, opiniones, etc., de alguien, basta utilizar, sin más complicaciones, el verbo aprobar. Y para expresar lo contrario, es suficiente el verbo rechazar. Huyamos, pues, de las redundancias y de expresiones tan farragosas o absurdas como las de valorar positivamente o valorar negativamente.

Por otra parte, todos habremos valorado algo con el sentido de apreciarlo y, para ello, no hemos usado un verbo que le va mucho mejor: estimar. Tampoco se entiende que nos empeñemos en valorar positivamente algo y no seamos capaces de manifestar nuestro acuerdo o nuestra conformidad al respecto. Y, por el contrario, muy pocos son los que rechazan o expresan su desacuerdo sobre algo o lo consideran reprobable, y prefieren valorarlo negativamente.

Es decir, por mucho que nos empeñemos en usarlo mal y en usar expresiones complejas  y hasta petulantes, el verbo valorar se utiliza en concreto para expresar el valor de algo (de un coche, un reloj, una joya, una docena de huevos, etc.):

«El apartamento que compraron mis abuelos estaba valorado en 450 000 pesetas».

 Y, como ya hemos dicho, para reconocerle un mérito a alguien:

«Con la concesión del premio Nobel de la Paz a Desmond Tutu en 1984, la institución sueca valoró la gran aportación del clérigo africano al fin del apartheid en Sudáfrica».

Finalmente, también se utiliza con el sentido de «aumentar el valor de algo» y, en química, para «determinar la composición exacta de una disolución».

Si te ha interesado esta entrada y nuestra actividad en general, puedes seguirnos en nuestra página de Facebook y en nuestro perfil de Twitter:
Join Our Facebook Fan Page Follow Us On Twitter
¡Muchas gracias!